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Resumen
Abstract
Introducción
Conclusión
Referencias
1Baruvi Gaytán-Fernández. 1Anestesiólogo cardiovascular adscrito al Hospital General de Zona No. 50, IMSS. San Luis Potosí, SLP.
Anestesia en México 2026;38(1): 23-29. https://doi.org/10.64221/aem-38-1-2026-004
Fecha de recepción noviembre 2025, fecha de revisión diciembre 2025, fecha de publicación enero 2026
dr.baruvi@yahoo.com
Palabras clave: Clevidipino, bloqueadores de canales de calcio, hipertensión arterial sistémica, antihipertensivos de acción ultracorta.
Palabras claves: Análisis de los gases de la sangre, bicarbonatos, heparina
Abstract
Keywords: Clevidipine, calcium channel blockers, systemic arterial hypertension, ultrashort-acting antihypertensive agents.
Introducción
La ausencia de un antihipertensivo intravenoso con posibilidad de administración en flujo regulado por bomba tiene implicaciones de facto muy relevantes: Un agente titulable por infusión permite realizar ajustes finos, dinámicos y en tiempo real, indispensables para evitar fluctuaciones de presión arterial que pueden asociarse con peores desenlaces en pacientes vulnerables. Sin una herramienta farmacológica con estas características, la capacidad de adaptación inmediata del anestesiólogo se encuentra limitada en la práctica diaria.
A ello se suma que los fármacos disponibles en la mayoría de los hospitales, como los nitratos, son vasodilatadores predominantemente venosos, lo que restringe su utilidad para controlar la resistencia vascular arterial sistémica y alcanzar objetivos tensionales específicos de manera estable durante la anestesia. Este panorama clínico contrasta con la ausencia casi total de literatura reciente en revistas mexicanas de anestesiología que exploren alternativas modernas para el manejo eficiente de la hipertensión en sala de anestesia. Por ello, se vuelve necesario analizar fármacos que en otros países han sido estudiados y aplicados con éxito para el control tensional rápido y titulado.
El CDP representa uno de esos agentes. Su fundamento farmacológico: metabolismo por esterasas, vida media ultracorta y acción selectiva sobre vasos arteriales, lo posiciona como una herramienta potencialmente útil en escenarios donde se requiere un control hemodinámico inmediato, fino y ajustable durante el periodo transanestésico.
Este artículo tiene como finalidad armonizar la evidencia original del CDP con los aportes más recientes de la investigación moderna, construyendo una visión integrada que permita al anestesiólogo mexicano observar el panorama farmacológico completo y valorar con rigor su aplicación en sala de anestesia.
Su metabolismo depende de esterasas plasmáticas y tisulares, lo que confiere independencia de la función hepática y renal (3). Esta vía metabólica origina una vida media ultracorta cercana a un minuto y una eliminación completa en pocos minutos (1). Gracias a ello, cada ajuste en la velocidad de administración produce un cambio casi inmediato en la presión arterial, permitiendo un control dinámico y proporcional a la dosis administrada (3).
Este comportamiento lineal entre dosis y efecto constituye uno de los elementos centrales de su utilidad clínica: incrementos pequeños generan variaciones tensionales rápidas, medibles y reversibles en tiempos compatibles con los requerimientos del periodo transanestésico (2). La suma de sus propiedades químicas, metabólicas y temporales determina su perfil farmacológico y explica su patrón de respuesta bajo ajustes continuos de administración (3).
Respecto a su administración, CDP se presenta en formulación para infusión continua. Se inicia habitualmente a velocidades bajas que permiten valorar la respuesta hemodinámica inicial y efectuar incrementos graduales de acuerdo con los objetivos tensionales (F1). Esta estrategia de ajuste secuencial se apoya en su vida media ultracorta, que permite apreciar cada modificación de la velocidad de administración en intervalos breves y obtener un efecto proporcional a la dosis administrada (2).
Eclipse mostró que CVD permite mantener la presión arterial dentro del intervalo objetivo durante la cirugía cardiaca con menos excursiones (abandono de los rangos superior o inferior) más allá de los límites predefinidos y una mayor precisión en el control tensional en comparación con otros vasodilatadores utilizados en el estudio (4). Los análisis complementarios del programa confirmaron que este patrón tiene implicaciones clínicas: al revisar los eventos adversos reportados en la misma cohorte, no se identificó un aumento de complicaciones mayores asociadas al fármaco, incluyendo mortalidad, infarto, accidente cerebrovascular o lesión renal aguda (5). El análisis de variabilidad demostró que una mayor dispersión de la presión sistólica se asocia con mayor mortalidad a 30 días, y que esa menor variabilidad fue justamente lo que se observó en los pacientes que recibieron CVD (6). Finalmente, el análisis de utilización de recursos mostró que una menor variabilidad tensional se relaciona con estancias hospitalarias más cortas y menor tiempo de soporte ventilatorio (7). En conjunto, eclipse aportó evidencia de que CVD facilita un control de la presión arterial más preciso y clínicamente significativo en el contexto de la cirugía cardiaca.
Los estudios escape-1 y escape-2 también se realizaron en el entorno de cirugía cardiaca y mostraron que CVD ofreció un control tensional rápido, predecible y modulable, tanto en el periodo preoperatorio como el posoperatorio inmediato. Esta evidencia lo posicionó como una herramienta hemodinámica confiable en escenarios donde el anestesiólogo necesitaba ajustar la presión arterial con precisión y sin comprometer la estabilidad del paciente (8,9).
Lo más importante que nos enseñó el programa velocity fue que CVD podía evaluarse en escenarios donde la hipertensión severa coexistía con disfunción orgánica significativa, situaciones en las que un descenso brusco de la presión arterial podía ser clínicamente peligroso. Por ello, el programa se estructuró en dos vertientes: una en pacientes con insuficiencia cardiaca aguda y otra en pacientes con disfunción renal moderada a severa, ambos grupos especialmente sensibles a variaciones hemodinámicas inesperadas. En la vertiente cardiaca, el estudio mostró que CVD permitía alcanzar el rango deseado de presión en pocos minutos y sin episodios sorpresivos de hipotensión, favoreciendo un control estable en un contexto donde la poscarga y el gasto cardiaco reaccionaban de forma crítica (10). En la vertiente renal, se observó un comportamiento similar: tiempos rápidos para lograr el objetivo tensional y buena tolerabilidad aun con depuración disminuida, sin evidencia de acumulación clínica relevante (11).
Por otro lado, el estudio accelerate se enfocó en el uso de CVD como monoterapia para controlar de manera rápida y segura la hipertensión en el contexto crítico de la hemorragia intracerebral aguda, un escenario donde tanto la elevación sostenida como los descensos bruscos de la presión arterial pueden agravar la lesión. En este grupo de pacientes, el fármaco permitió alcanzar el rango objetivo en pocos minutos, manteniendo una estabilidad adecuada durante la fase inicial de tratamiento y sin presentar episodios significativos de hipotensión o variabilidad extrema. Además, el estudio observó que la expansión del hematoma fue mínima y la tolerabilidad global resultó favorable, lo que reforzó la idea de que CVD podía integrarse en protocolos de control tensional inicial en la hemorragia intracerebral (12).
El perfil farmacológico de CVD, con acción arterial selectiva, titulación precisa, metabolismo por esterasas, sin metabolitos activos y vida media ultracorta, permite un control tensional inmediato y proporcional a cada ajuste de la infusión. Esta característica resulta especialmente relevante en el periodo transanestésico, donde las variaciones hemodinámicas son frecuentes, rápidas y clínicamente significativas.
La evidencia contemporánea muestra un patrón fisiológico uniforme: reducciones tensionales rápidas, reversibles y con estabilidad adecuada incluso en escenarios de alta demanda hemodinámica. En un entorno donde los rangos tensionales estrechos y la baja variabilidad se asocian con mejores resultados, esta capacidad de ajuste preciso adquiere importancia operativa.
Los escenarios perianestésicos analizados, incluyendo neurocirugía, feocromocitoma, crisis hipertensiva refractaria, insuficiencia renal, trasplante, población pediátrica y procedimientos que requieren hipotensión controlada, demuestran que el comportamiento de CVD es consistente, modulable y predecible. Aunque la fortaleza de la evidencia difiere entre escenarios, la coherencia farmacodinámica se mantiene en todos los contextos documentados.
La revisión simultánea del embarazo estableció un límite claro: no existen publicaciones que evalúen su uso en mujeres gestantes o en el periodo posparto, por lo que este grupo debe excluirse de cualquier interpretación práctica.
En conjunto, la integración del fundamento molecular, su farmacocinética ultracorta y la evidencia disponible permite ubicar a CVD como un agente arterial capaz de ofrecer un control tensional preciso, compatible con la complejidad dinámica de la sala de anestesia. El análisis presentado proporciona un marco técnico trazable, útil para comprender su comportamiento durante el acto anestésico, dejando en manos del anestesiólogo la valoración crítica de su pertinencia dentro de la práctica basada en evidencia.
Conflicto de intereses.
El autor reporta colaboración académica como ponente con Chiesi México. No existen otros relacionados con el contenido de este manuscrito, no se recibieron honorarios, apoyo financiero ni patrocinio alguno para su elaboración, y el autor declara una independencia total en la concepción, redacción y análisis del presente artículo.
Referencias:
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