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Resumen

Abstract

Introducción

Discusión

Conclusión

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Planificar antes de inducir: manejo anestésico de una vía aérea críticamente comprometida por tumoración cervical.

Pérez Limón Susana Gabriela1 ORCID: 0000-0002-8735-4236, Favela Miller Anna Victoria2 ORCID: 0009-0008-8905-5601, Acosta Fierro Ana Gabriela3 ORCID: 0009-0007-8869-2871, González Soto Sebastián4 ORCID: 0009-0005-0331-3234.

1 Residente del servicio de Anestesiología, Hospital General de Zona No. 35, Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Ciudad Juárez, Chihuahua, México.
2 Residente del servicio de Anestesiología, Hospital General de Zona No. 35, Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Ciudad Juárez, Chihuahua, México.
3 Residente del servicio de Anestesiología, Hospital General de Zona No. 35, Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Ciudad Juárez, Chihuahua, México.
4 Médico especialista en Anestesiología, Hospital General de Zona No. 35, Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Ciudad Juárez, Chihuahua, México.
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, Ciudad Juárez, Chihuahua, México.
https://doi.org/10.64221/aem-38-3-038
Fecha de rtecepción. – Fecha de publicación. Agosto 2026

Resumen

El abordaje anestésico de pacientes con tumoraciones cervicales infiltrantes representa un desafío significativo debido al alto riesgo de vía aérea difícil, sangrado intraoperatorio y alteraciones hemodinámicas potencialmente graves. Se presenta el caso de una paciente con una masa cervical de gran tamaño que producía distorsión marcada de la anatomía de la vía aérea, con riesgo inminente de obstrucción tras la inducción anestésica. Ante este escenario, se optó por realizar una intubación orotraqueal despierta guiada por fibrobroncoscopía, como estrategia segura para asegurar la permeabilidad de la vía aérea y mantener la ventilación espontánea. Durante el procedimiento quirúrgico de resección tumoral, la paciente presentó hemorragia significativa que condicionó choque hipovolémico, requiriendo manejo transfusional y soporte con vasopresor. En el periodo postoperatorio inmediato desarrolló episodios de arritmias, así como hallazgos tomográficos relevantes, lo que motivó vigilancia estrecha en la unidad de cuidados intensivos. Este caso pone de manifiesto la relevancia de una evaluación preoperatoria exhaustiva, la planificación anticipada del manejo de la vía aérea y la coordinación multidisciplinaria para optimizar la seguridad del paciente y reducir la morbimortalidad perioperatoria.

Palabras clave: vía aérea difícil; anestesia; intubación fibrobroncoscópica; tumoración cervical; periodo perioperatorio.

Abstract

The anesthetic management of patients with infiltrative cervical tumors represents a significant challenge due to the high risk of a difficult airway, intraoperative bleeding, and potentially severe hemodynamic instability. We present the case of a patient with a large cervical mass causing marked distortion of the airway anatomy, with an imminent risk of airway obstruction following anesthetic induction. In this context, awake orotracheal intubation guided by fiberoptic bronchoscopy was chosen as a safe strategy to secure airway patency while maintaining spontaneous ventilation.

During surgical tumor resection, the patient developed significant hemorrhage leading to hypovolemic shock, requiring transfusional management and vasopressor support. In the immediate postoperative period, the patient experienced episodes of arrhythmias and relevant tomographic findings, which prompted close monitoring in the intensive care unit. This case highlights the importance of thorough preoperative evaluation, anticipatory airway management planning, and multidisciplinary coordination to optimize patient safety and reduce perioperative morbidity and mortality.
Keywords: difficult airway; anesthesia; fiberoptic intubation; cervical tumor; perioperative period.

Índice de abreviaturas
• IPID: Índice predictivo de intubación difícil
• TET: Tubo endotraqueal
• TAC: Tomografía axial computarizada
• UCI: Unidad de cuidados intensivos
• RASS: Richmond Agitation-Sedation Scale

Introducción

El manejo de la vía aérea continúa siendo uno de los pilares y, a la vez, uno de los mayores desafíos en la práctica anestésica, particularmente en pacientes con alteraciones anatómicas de cabeza y cuello que dificultan la visualización glótica o el acceso a la vía aérea. Las tumoraciones cervicales infiltrantes pueden modificar de forma significativa la disposición anatómica normal, desplazar estructuras críticas y reducir el margen de seguridad durante la inducción anestésica, lo que incrementa el riesgo de hipoxia, ventilación difícil e intubación fallida 1.

En la última década se ha reforzado la importancia de una evaluación preoperatoria exhaustiva, ya que los cambios derivados de la progresión tumoral o de tratamientos previos, como cirugía o radioterapia, pueden condicionar una vía aérea difícil incluso en ausencia de signos clínicos evidentes. Estos pacientes requieren una estrategia anticipada y bien definida, sustentada en algoritmos claros, la disponibilidad de dispositivos alternativos y la consideración de técnicas avanzadas, como la intubación despierta, especialmente cuando existe una alta probabilidad de pérdida de la ventilación tras la inducción anestésica2.

Las guías contemporáneas para el manejo de la vía aérea difícil recomiendan un enfoque sistematizado que incluya una preoxigenación optimizada, la selección adecuada del equipo y una toma de decisiones escalonada, con el objetivo de minimizar eventos adversos mayores asociados al manejo inicial de la vía aérea. En este contexto, las tumoraciones cervicales representan un escenario clínico de particular relevancia para el anestesiólogo, ya que demandan una planificación meticulosa, la integración de múltiples recursos técnicos y una coordinación estrecha del equipo perioperatorio para garantizar la seguridad del paciente3.

Presentación del Caso

Paciente femenina de 74 años que ingresa el 04/12/2025 para manejo quirúrgico de tumoración cervical, con indicación de tiroidectomía total, vaciamiento ganglionar y biopsia excisional.

Como antecedentes patológicos de relevancia presentaba diabetes mellitus tipo 2 de 10 años de evolución en tratamiento con dapagliflozina; hipertensión arterial sistémica controlada con amlodipino y losartán; dislipidemia en tratamiento con atorvastatina; hipotiroidismo sin tratamiento previo; y cardiopatía hipertensiva asociada a fibrilación auricular y bloqueo auriculoventricular Mobitz II, en tratamiento con apixabán y metoprolol.

La paciente refería un cuadro clínico de dos años de evolución caracterizado por disfonía progresiva, asociado a incremento del volumen cervical desde enero de 2025. A la exploración física se identificó una masa cervical de aproximadamente 8 × 5 cm.

La evaluación preanestésica de la vía aérea mostró múltiples predictores de dificultad, incluyendo Mallampati III, protrusión mandibular, apertura interincisiva y distancia esternón-mentón grado II, así como clasificación de Patil y Bellhouse-Doré grado II. El índice predictivo de intubación difícil (IPID) fue de 11 puntos, compatible con vía aérea difícil anticipada.

La biometría hemática, la coagulación y la función renal preoperatorias (tabla 1) sefueron adecuados para el procedimiento quirúrgico programado.

La tomografía computarizada de cuello (imagen 1) evidenció edema extenso de tejidos blandos cervicales y ocupación del espacio visceral peritraqueal, hallazgos que incrementaban de forma significativa el riesgo de obstrucción de la vía aérea posterior a la inducción anestésica.
Dado el alto riesgo de pérdida de la ventilación tras la inducción anestésica, evidenciado por compresión peritraqueal significativa y múltiples predictores de vía aérea difícil (imágenes 2 y 3), se descartó la inducción anestésica convencional y se optó por intubación despierta guiada por fibrobroncoscopio (imagen 4), conforme a recomendaciones DAS y ASA. Se instauró monitoreo estándar y oxigenación suplementaria por puntas nasales a 5 L/min. Se administró sedación titulada con midazolam 1,5 mg y fentanilo 50 μg, manteniendo ventilación espontánea y un nivel de sedación Ramsay 3 (RASS -2) al momento de la instrumentación.
Se realizó anestesia tópica de la vía aérea con lidocaína al 2% en orofaringe. Posteriormente, se efectuó bloqueo bilateral del nervio glosofaríngeo mediante abordaje intraoral a nivel periamigdalino (pilar amigdalino posterior), infiltrando un volumen total de 4 mL de lidocaína. Se complementó con bloqueo bilateral del nervio laríngeo superior mediante infiltración de lidocaína (volumen total: 4 mL). La dosis total de lidocaína administrada fue de 160 mg.

En estas condiciones, se realizó laringoscopia e intubación orotraqueal despierta asistida con fibrobroncoscopio flexible de 6 mm de diámetro externo (imagen 5), logrando la colocación de un tubo endotraqueal N° 7,0 en el primer intento, con adecuada tolerancia por parte de la paciente, sin reflejo tusígeno significativo y sin episodios de desaturación (SpO₂ mínima de 95%). La correcta posición del tubo endotraqueal fue confirmada mediante capnografía.

La elección de la intubación despierta guiada por fibrobroncoscopio se fundamentó en la presencia de múltiples predictores de vía aérea difícil y en los hallazgos tomográficos de compresión peritraqueal, los cuales incrementaban el riesgo de pérdida de la vía aérea posterior a la inducción anestésica. Esta estrategia se encuentra respaldada por guías internacionales para el manejo de la vía aérea difícil, que recomiendan preservar la ventilación espontánea en escenarios de alto riesgo. La combinación de anestesia tópica y bloqueos regionales permitió una adecuada tolerancia al procedimiento, sin presentar desaturación ni inestabilidad hemodinámica significativa durante la instrumentación.

Posteriormente, se indujo anestesia general balanceada y se inició el procedimiento quirúrgico. Se administraron dosis adicionales de agentes anestésicos en forma titulada según la respuesta hemodinámica y el estímulo quirúrgico. La dosis acumulada total fue: midazolam 3 mg, fentanilo 800 μg, propofol 100 mg y rocuronio 130 mg, este último en bolos fraccionados. La anestesia se mantuvo con sevoflurano al 2%, asociando dexmedetomidina en infusión continua a dosis de 0,1–0,3 μg/kg/h (dosis total acumulada: 100 μg).

Durante el acto quirúrgico se identificó una rama arterial tributaria del tumor, dependiente de la carótida izquierda, cuya manipulación ocasionó hemorragia arterial activa de difícil control. El sangrado total estimado fue de aproximadamente 1.400 mL, condicionando inestabilidad hemodinámica progresiva compatible con choque hipovolémico grado III, caracterizado por taquicardia, hipotensión y disminución del gasto urinario.

Se instauró manejo hemodinámico inmediato con reposición de volumen, terapia transfusional con concentrados eritrocitarios e inicio de norepinefrina a 0,1 μg/kg/min, con el objetivo de mantener una presión arterial media adecuada y preservar la perfusión tisular. Se logró estabilización hemodinámica progresiva, permitiendo la continuidad del procedimiento bajo vigilancia estrecha.

La analgesia intraoperatoria se realizó con fentanilo en bolos intermitentes, ajustados según parámetros clínicos, sin requerimiento de infusión continua. Como coadyuvantes se administraron paracetamol 1 g, ketorolaco 30 mg e hidrocortisona 200 mg intravenosa, además de lidocaína intravenosa 100 mg y buprenorfina 150 μg para analgesia de mayor duración. Se administró ceftriaxona 1 g como profilaxis antibiótica.

Al finalizar el procedimiento, se revirtió el bloqueo neuromuscular con sugammadex 200 mg IV y, tras constatar condiciones clínicas adecuadas, se realizó extubación sin complicaciones inmediatas. El tiempo quirúrgico total fue de 13 horas.

En la unidad de recuperación postanestésica la paciente presentó datos de hipoperfusión sistémica en el postoperatorio inmediato, manifestados por taquicardia sostenida, oliguria y acidosis metabólica, en el contexto de choque hipovolémico intraoperatorio. La gasometría arterial inicial evidenció acidosis metabólica con componente respiratorio asociado, en concordancia con el estado de choque previo.

Los estudios de laboratorio iniciales confirmaron disfunción orgánica aguda, destacando lesión renal aguda y elevación de marcadores de lesión tisular, en el contexto de hipoperfusión secundaria al choque hemorrágico. En las primeras 24–48 horas, la paciente desarrolló episodios de arritmia supraventricular asociados a somnolencia, lo que motivó la ampliación de estudios y el inicio de manejo dirigido.

Durante este periodo se observó mejoría progresiva de la función renal y de los parámetros inflamatorios; sin embargo, persistieron alteraciones bioquímicas compatibles con daño tisular secundario al evento hemodinámico. La acidosis metabólica mostró tendencia a la corrección gradual.

Con el objetivo de descartar complicaciones estructurales, se realizó tomografía computarizada de tórax (imagen 6), que evidenció derrame pleural bilateral, derrame pericárdico y consolidación pulmonar basal izquierda, además de edema cervical significativo, hallazgos que condicionaron ajustes en el manejo respiratorio y la vigilancia estrecha.

Durante la evolución, la paciente presentó episodios intermitentes de taquicardia supraventricular y fibrilación auricular, los cuales fueron manejados de forma conservadora, logrando adecuado control del ritmo y la frecuencia cardiaca. Ante la presencia transitoria de alteraciones del lenguaje, se consideró la posibilidad de un evento cardioembólico transitorio, sin evidencia de secuelas neurológicas.

En días subsecuentes, se evidenció mejoría clínica progresiva (tablas 2 y 3), con recuperación de la función renal, estabilidad hemodinámica sin requerimiento de vasopresores y mejoría del estado respiratorio. Los estudios de función tiroidea permitieron el inicio de tratamiento sustitutivo con levotiroxina.

Hacia el quinto y sexto día postoperatorio, la paciente presentó estabilidad hemodinámica sostenida, adecuada tolerancia a la vía oral y gasto por drenaje cervical dentro de parámetros esperados. Dada la complejidad del caso, se mantuvo vigilancia multidisciplinaria estrecha, con evolución clínica favorable.

Discusión

El manejo anestésico de pacientes con tumoraciones cervicales infiltrantes representa un reto significativo, en el cual la anticipación de una vía aérea difícil constituye el eje central de la estrategia perioperatoria. Estas lesiones pueden generar distorsión anatómica importante, con desplazamiento del eje laringotraqueal y reducción del espacio orofaríngeo, condiciones ampliamente descritas como predictores de ventilación e intubación difíciles1,2.

En este contexto, la intubación despierta guiada por fibrobroncoscopio continúa siendo una de las estrategias más seguras, al permitir preservar la ventilación espontánea y los reflejos protectores de la vía aérea. Su uso proporciona una visualización directa y controlada, disminuyendo el riesgo de hipoxia, trauma y colapso de la vía aérea, particularmente en pacientes con compromiso anatómico significativo, como en el caso presentado1,2,3. La utilización complementaria de anestesia tópica y bloqueos regionales de la vía aérea, como el bloqueo del nervio glosofaríngeo y del nervio laríngeo superior, optimiza las condiciones de intubación, mejora la tolerancia del paciente y reduce la necesidad de sedación profunda, manteniendo un adecuado margen de seguridad ventilatoria.

Si bien la videolaringoscopía constituye una herramienta fundamental en el manejo de la vía aérea difícil, su utilidad puede verse limitada en presencia de distorsión anatómica severa o compromiso supraglótico avanzado. En este caso, los hallazgos clínicos e imagenológicos, incluyendo compresión peritraqueal y un índice predictivo elevado, justificaron la elección de fibrobroncoscopía como técnica primaria, en concordancia con las recomendaciones actuales 3,4.

Las guías contemporáneas, incluyendo las recomendaciones DAS 2025, enfatizan un enfoque estructurado basado en la evaluación integral del paciente, la preparación de estrategias alternativas y la disponibilidad de dispositivos de rescate. Este abordaje permite individualizar la toma de decisiones y optimizar la seguridad en escenarios complejos como el descrito4.

Por otra parte, la cirugía cervical oncológica se asocia a un riesgo elevado de hemorragia significativa debido a la rica vascularización tumoral y la proximidad a grandes vasos. La instauración temprana de medidas de reanimación, incluyendo reposición de volumen, terapia transfusional y soporte vasopresor, resulta fundamental para limitar la progresión a choque hemorrágico. En el presente caso, la identificación oportuna del sangrado y el inicio precoz de soporte con norepinefrina permitieron una estabilización hemodinámica progresiva, posibilitando la continuación del procedimiento quirúrgico bajo condiciones controladas 5.

El desarrollo de disfunción orgánica transitoria en el periodo postoperatorio, manifestada por acidosis metabólica, lesión renal aguda y elevación de enzimas musculares, puede explicarse por el estado de hipoperfusión tisular sostenida. La evolución favorable observada tras la reanimación sugiere un reconocimiento y tratamiento oportunos del choque, factores determinantes en el pronóstico de estos pacientes.

En el periodo posoperatorio, estos pacientes presentan un riesgo incrementado de complicaciones respiratorias, metabólicas y cardiovasculares. La aparición de arritmias supraventriculares y fibrilación auricular, como se observó en este caso, ha sido relacionada con hipovolemia, respuesta inflamatoria sistémica y estrés quirúrgico, lo que resalta la importancia de una vigilancia estrecha y manejo multidisciplinario6.

Asimismo, las guías DAS 2025 destacan la relevancia de una estrategia de extubación cuidadosamente planificada, considerando el riesgo de obstrucción de la vía aérea en el postoperatorio. En este caso, la integración de la evaluación clínica y estudios de imagen permitió identificar complicaciones relevantes, como derrames pleural y pericárdico, con implicaciones directas en el manejo respiratorio y hemodinámico4,5,6,7.

Finalmente, desde una perspectiva anestesiológica integral, este caso resalta la importancia de una planificación anticipada, el uso de técnicas avanzadas de manejo de la vía aérea y la capacidad de respuesta ante complicaciones intraoperatorias mayores. La intubación despierta guiada por fibrobroncoscopio, combinada con un manejo hemodinámico oportuno y una vigilancia postoperatoria estrecha, permitió una evolución clínica favorable en un escenario de alta complejidad8,9,10.

Conclusión

El manejo anestésico de pacientes con tumoraciones cervicales infiltrantes requiere una planificación individualizada, en la que la anticipación de la vía aérea difícil y la selección de estrategias seguras, como la intubación despierta guiada por fibrobroncoscopio, resultan fundamentales para reducir complicaciones. Este caso resalta la importancia del uso de técnicas regionales de la vía aérea, la titulación cuidadosa de la sedación y la preparación de planes alternativos conforme a las recomendaciones actuales.

Asimismo, pone de manifiesto la necesidad de un abordaje integral perioperatorio, que incluya la identificación temprana y el manejo oportuno de complicaciones mayores, como hemorragia significativa y choque hipovolémico, así como una vigilancia postoperatoria estrecha orientada a la detección de disfunción orgánica y eventos cardiovasculares.

En conjunto, una estrategia estructurada, basada en la evidencia y adaptada a las condiciones del paciente, permite optimizar la seguridad y mejorar los desenlaces clínicos en escenarios de alta complejidad.
La pérdida de la ventilación tras la inducción representa el evento crítico a evitar en estos pacientes.

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